Por Lourdes Rodríguez
“Autos, Mota y Rocanrol”: Una Comedia Caótica que Revive el Espíritu de Avándaro
La cinta de J.M. Cravioto se sumerge con humor e irreverencia en la trastienda del legendario festival de 1971, ofreciendo un entretenido viaje a un momento clave de la contracultura mexicana.
“Autos, Mota y Rocanrol”, la película del director J.M. Cravioto, se presenta como una crónica disfrazada de comedia que explora el descontrolado y emblemático Festival de Avándaro, también conocido como el “Woodstock mexicano”. A través de un enfoque lúdico y en formato de falso documental, la cinta reconstruye los caóticos eventos que llevaron a la realización de este hito cultural en 1971, un momento en que el rock mexicano fue percibido como una amenaza por el Estado.
La trama sigue a un par de jóvenes emprendedores, un entusiasta de los autos de clase alta y un publicista, interpretados por Alejandro Speitzer y Emiliano Zurita, quienes se embarcan en la organización de lo que inicialmente era un evento de carreras de autos que incluía un festival de música. Lo que no anticiparon fue la magnitud del caos y la rebelión juvenil que desatarían, convirtiendo el evento en un suceso que marcó un antes y un después en la historia del rock nacional.
La crítica ha recibido favorablemente la película, destacando su virtud en el caos que retrata. Medios como Rolling Stone en Español señalan que la cinta deja claro que la contracultura no fue un plan, sino una reacción espontánea. El humor y la música se presentan como armas de resistencia frente a un Estado que buscaba reprimir la libertad juvenil.
El elenco, que también incluye a Juan Pablo de Santiago, Ianis Guerrero, Enrique Arrizon y Ruy Senderos, logra transmitir la energía y el espíritu de la época. La dirección de Cravioto, junto con el guion coescrito con Christian Cueva y Ricardo Farias, equilibra la percepción histórica con la comedia, la ambientación de la época y una producción sólida que evita caer en los clichés de la comedia comercial.
Visualmente, la película es elogiada por su fotografía, que emula el color y el grano del celuloide de los años 70, creando una ilusión que difumina la línea entre los hechos reales y la ficción. De hecho, la propia película juega con esta ambigüedad, advirtiendo que algunos de sus acontecimientos son ficticios, lo que le permite tomarse libertades creativas para potenciar el tono satírico y de enredos.
Además de su valor como entretenimiento, “Autos, Mota y Rocanrol” sirve como un recordatorio del espíritu de la contracultura y su capacidad para resurgir. La cinta no solo rinde homenaje a figuras icónicas como Javier “El Brujo” Bátiz, sino que también invita a las nuevas generaciones a reflexionar sobre un evento que, a pesar de su desorganización, representó un grito de libertad.
Con una duración de 95 minutos y una clasificación B-15, la película se estrenó en cines mexicanos el 11 de septiembre, después de su paso por el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, donde Emiliano Zurita fue reconocido con el premio a Mejor Interpretación. En resumen, “Autos, Mota y Rocanrol” es una comedia bien lograda, entretenida y popular que logra capturar la esencia de un momento histórico con frescura y humor.
